Al hablar de docentes que
realizan innovación o investigación, se hace
referencia específicamente a todos aquellos que, sin dejar de ejercer sus
funciones diarias en las aulas de clases y en las instituciones escolares de
educación inicial, básica o media general, asumen un rol reflexivo sobre su
propia práctica y sobre la acción de su institución, comprometiéndose a
realizar cambios significativos para ellos y para los estudiantes, mediante procesos
sistemáticos de estudio y análisis de las prácticas o de los mismos cambios,
con miras a producir un conocimiento que, rebasando las fronteras de su propio
trabajo, sirva para comprender diversos significados de la educación o para
alentar cambios en otros contextos.
De esta forma, se
espera que los docentes, independientemente del sistema en el cual se
desenvuelvan, asuman un liderazgo intelectual que permita la transformación de
la praxis pedagógica y a través de la investigación, generen la teoría de una
disciplina que justamente tiene como criterios de validez del conocimiento la
contrastación con la vida y no solamente la explicación de los fenómenos.
Ante esta situación, es
menester que los docentes sean investigadores comprometidos con procesos de
innovación, por lo cual, es imperioso entender ¿qué tipo de conocimiento deben
producir los docentes a través de trabajos de investigación e innovación?, ¿Cuáles
son las condiciones que un docente investigador requiere para originar un
conocimiento de carácter general?, ¿están dispuestas las universidades a
participar junto a los docentes de educación media general en la actividad
investigadora e innovadora de estas aulas de clases?, ¿el saber producido desde
la base podrá convertirse en saber teórico que sirva de criterio para orientar
la reflexión y la búsqueda de sentido a la propia práctica?
Para dar respuesta a
los planteamientos realizados, es indispensable pensar en las instituciones
escolares, como casas de estudio y no solamente como casas de enseñanza, puesto que es en
estos contextos donde se produce el saber pedagógico, ante esto, es menester la
organización de equipos de docentes y directivos comprometidos en la tarea
investigativa, para así dimensionar el trabajo productivo, visibilizarlo y
reconocerlo como parte del ejercicio profesional, pese a la sobrecarga que hoy representa para
los mismos involucrarse en procesos de innovación o investigación.
A
partir de esta premisa, los investigadores pueden desenvolverse en escenarios que permitan a los sujetos descentrarse por
medio de procesos de comunicación, diálogo, debate argumentado, lectura y
escritura compartidas, procesos que deben tener legitimidad institucional,
alguna permanencia en el tiempo y proyección local, regional o nacional
(Acevedo y otros), permitiendo el encuentro con los otros y el avance en los
conocimientos.